BIENVENIDO A LA ERA ESPACIAL

 

Gran parte de las nuevas generaciones desconocen la revolución y la enorme curiosidad que despertó en la comunidad mundial, con todas las limitaciones de instantaneidad de hace cincuenta años (no existían comunicaciones satelitales, teléfonos celulares etc.) la noticia que el ser humano había enviado un satélite artificial al espacio.

Fue un 4 de octubre de 1957, para muchos inolvidable, pues intentaron captar, sin fortuna, los beeps que emitía el Sputnik 1 a través de las radios a tubos que disponían de onda corta y que, se suponía, podían captar el sonido del “compañero de viaje”.

Cada noventa minutos muchos santiaguinos observaron fascinados un punto de luz, similar en brillo al planeta Venus, que se desplazaba raudo entre las titilantes estrellas de un Santiago aún no contaminado. Fue un espectáculo muy comentado que las hojas hoy amarillentas de los diarios de la época registraron.

Esa limpia y estrellada noche primaveral capitalina marcó para los chilenos y para el mundo el advenimiento de la Era Espacial, una muestra que mezcló la pasión de científicos, ingenieros y soñadores con la voluntad política en Estados Unidos y la Unión Soviética de demostrar al mundo que cada uno de esos sistemas, en desarrollo tecnología y calidad de vida, eran superiores al otro.

Constructores de sueños

Millares de personas, en ambas potencias, aportaron creatividad, esfuerzos y hasta sus vidas en una carrera espacial que mezcló nacionalismos y e ilusiones y que arriesgó y perdió centenares de vidas en el intento.

Desde el siglo XXI nos atrevemos a calificar a quienes fueron parte de esa colosal maquinaria como constructores de sueños y protagonistas de hazañas en que el coraje, el sacrificio, la osadía y el riesgo eran parte de un juego imparable a uno y otro lado del mundo.

Los soviéticos llevaron por muchos años la delantera. Un mes después del Sputnik lograron colocar a uno de los pocos animales que quedarán registrados en las páginas de la historia: la perrita Laika. Estaban preparando el lanzamiento de un ser humano.

En esa época la ciencia ignoraba si una persona sobreviviría en un medio tan hostil. Hasta entonces, gran parte de la humanidad, a excepción de los hombres de ciencia, sólo miraba al frente y se confundía entre sus conflictos y luchas de intereses (los que, en realidad, aún persisten) sin asumir conciencia ni levantar la mirada al cielo.

Esas generaciones empezaron a ser protagonistas de la era espacial. Leían y se interesaban por los esfuerzos de sus países sólo con la excepción de que en una de ellas, la restricción de información, el secreto y el misterio formaban parte de la política pública.

El Sputnik

El 12 de abril de 1961, los soviéticos sorprendieron al mundo, colocando al primer hombre, Yuri Gagarin, de 27 años, en el espacio. Dos años después enviaron a la primera mujer, Valentina Tereshkova.

Con Gagarin y el orgullo norteamericano estropeado, el Presidente John F. Kennedy prometió, antes de una década, enviar al primer ser humano a la Luna y regresar a salvo. Hasta ese momento, el objetivo principal de las misiones no era científico, sino meramente político. Y, de verdad, esta concepción se mantuvo hasta el fin de la llamada Guerra Fría.

No fue sino hasta el arribo de la primera tripulación humana a la Luna, el 20 de julio de 1969, a bordo del Apolo XI, que Estados Unidos plantó su primera gran estrella en la carrera espacial: Neil Armstrong y Edwin Buzz Aldrin, fueron vistos, vía satélite, por millones de personas caminar e instalar instrumentos en la superficie regolita de nuestro satélite natural.

Reconociendo el logro estadounidense, los soviéticos decidieron colocar todos sus esfuerzos en la investigación para mantener seres humanos durante períodos de larga duración en ambientes de ingravidez con vistas a programar exploraciones espaciales de extenso aliento. En esa línea, el año 1971 colocaron en órbita la primera estación espacial: Salyut 1.


Sondas y estaciones espaciales

Por su lado, los norteamericanos lograron, en el año 1976, amartizar en el planeta rojo las sondas Vikingo 1 y 2, ocasión en que por primera vez en la historia de la humanidad se transmitieron fotografías en colores de la superficie del enigmático
planeta. La conciencia de un mundo globalizado alcanzaba una de sus máximas expresiones, pues millones y millones de personas contemplaron extasiadas las primeras imágenes de un mundo rojizo y con un paisaje extrañamente similar al de nuestro hogar cósmico.

En forma paralela, Estados Unidos buscó reemplazar las cápsulas Apolo por un “taxi espacial”, como fue denominado en un comienzo, proyecto que vio la luz como un trasbordador espacial, el Columbia, que realizó su primer viaje el 12 abril de 1981.

La Unión Soviética fortaleció su proyecto con el lanzamiento de la Estación Espacial MIR en el año 1986, realizando experimentos durante 15 años, durante los cuales más de un centenar de astronautas de varios países trabajaron en ella aportando importantes avances en el campo de la medicina, química, física, batiendo records de permanencia de seres humanos en el espacio.

Por otro lado, Estados Unidos, avanzaba a pasos gigantescos en el diseño de sondas y robots exploratorios que finalmente alcanzaron nuevamente Marte: Soyouner, en 1997, Spirit y Opportunity, en el año 2003, aportaron nuevas imágenes y datos relevantes sobre Marte, descubriendo agua y accidentes físicos similares a cañones, cursos de ríos y valles formados a partir del escurrimiento de agua líquida en algún momento de su historia geológica.

La misión Cassini/Huygens, lanzada desde Cabo Cañaveral el 15 de octubre del año 1.997, viajó ocho años para encontrarse con el gigante gaseoso, Saturno, y sus lunas, descubriendo ríos, lluvias y océanos de metano en Titán.

Otro paso gigantesco en el esfuerzo humano por explorar el espacio se consolidó con la puesta en órbita de la Estación Espacial Internacional, el 2 de noviembre de 2002. Diecisiete países se unieron para llevar adelante este colosal proyecto.

Memorial

Como en toda aventura humana no pueden nombrarse sólo los hitos, Konstantin Tsiolkowsky, Robert Goddard, Werner Von Braun, Sergei Koroliev, están en las páginas de los mentores del desarrollo y diseño de la cohetería.
A los astronautas Virgil Grisom, Robert Chaffee, Edgard White, Vladimir Komarov, Georgi Dobrovolsky, Viktor Patsayev y Vladislav Volkov, Francis Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik, la profesora Christa McAuliffe, Rick Husband, Willie McCool, Dave Brown, Laurel Clark, Kalpana Chawla, Mike Anderson e Ilan Ramon, los recordamos por haber dado sus vidas durante la Era Espacial iniciada el 4 de octubre de 1957.

 

 Hugo Camus Palacios, Historiador especialista en Astronáutica.

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